Que
te eche de menos no quiere decir que te quiera de vuelta en mi vida.
Ese
día te perdí, es cierto. Pero tu a mi también me perdiste. Fue
estúpido por mi parte intentar volver hacer arder las cenizas cuando
ya la mayoría estaban esparcidas por lugares ocultos. Es más, si me
pusiera a buscar las que me quedan no las encontraría.
No
me quemé una vez las manos intentando que ardieran otra vez, ni dos,
es más, tres tampoco, ya he perdido la cuenta de las veces que
arriesgué y perdí. Y ya estoy cansada de perder, porque va a llegar
un momento en el que me queden tan pocas cosas que tenga que embargar
mi vida. Y no quiero. Porque mi reloj se paró un día a las 16:11 y
desde ahí siempre llego tarde.
Ya
no quiero que nadie me espere, porque no se puede esperar nada de mí.
Porque yo si espero, bueno, esperaba, que te dieras media vuelta y
admitieras lo equivocado que estabas. Porque te equivocaste, y cuánto
te equivocaste, al pensar que otros ojos te iban a besar mejor que
los míos. Pero las ganas a veces son muy putas y juegan malas
pasadas. He llegado a odiarme por seguir teniendo esperanzas. Me he
quedado sin fuerzas para seguir creyendo en tí, en mí y en lo que
fuímos.
Eso
se terminó y ahora solo quedan un montón de escombros. Si algún
día quieres encontrarme busca ahí.
Yo
todavía no he dejado de quererte, pero te repito, ya no te quiero de
vuelta en mi vida.
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