Cuando
comienzas a perder tantas cosas que ya no sabes que es lo que queda.
No sabes lo que queda ni dentro, ni fuera de ti.
Cuando
hablamos de perder, no solo nos referimos a personas, nos referimos a
sensaciones, a la esperanza, al amor, al odio, a las ganas.
Y te das
cuenta de todo eso pero, sin embargo, no haces nada para remediarlo.
Pierdes, pero
a la vez ganas. Y te preguntarás, ¿que ganas?, la respuesta es
simple: soledad.
Y bueno, como es lo único que tienes, te refugias
en ella al igual que te refugiarías en los brazos de alguien. Pero
tenemos que destacar una diferencia clave: la soledad te asfixia,
comienza a tomar decisiones por tí, no te deja ser lo que eres.
¿Porque
cuando una persona tiene miedo actúa de esa manera? Realmente, ¿a
que le tenemos miedo? Pues sí, a la soledad es a la que le tenemos
miedo, y sin embargo las personas que estamos rotas por dentro nos
anclamos a ella, como un adicto se ata a la droga.
Y
no hay nada que puedas hacer, por lo menos por el momento. Porque
como todos dicen, siempre hay días malos, pero ya no se sabe que
hacer cuando es un día, tras otro, tras otro.
Los
días grises, son así: grises. La tristeza es simplemente eso;
tristeza.
Y
mientras, seguiremos aquí, abrazándonos a la desolación que nos
deja creer que ahora mismo no tenemos nada.
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