jueves, 16 de julio de 2015

A veces intento, comienzo a recordar como y donde empezó todo.
Yo me escondía, de tí, de mí, de todo lo que me rodeaba. Tu dispuesto a saltar al vacío. Yo midiendo la altura. Tú agarrandome la mano. Yo, finalmente saltando contigo.
Siempre me han dicho que lo que verdaderamente vale la pena no es fácil, creedme cuando digo que ''no es fácil'' se queda corto.
¿A que viene todo esto? ¿Por qué? Porque odio cuando  me respondes con silencios, todas y cada una de las veces que consigo abrirme de par en par el corazón, y te digo que te veo hasta cuando tengo los ojos cerrados, que te oigo aunque no estes a mi lado y que la piel me quema aunque ya hiciera rato que no me tocaras.
Que una vez me dijiste ''te quiero'' y yo te contesté ''cuidado, que eso son palabras mayores''. Pero realmente la que tenía que tener cuidado tenía que ser yo, ya que enamorarme es un error irremediable para personas como yo. Y como yo, me refiero a destructivas, soñadoras, anhelantes y queriendo más, siempre más.
Después no fue tan difícil, sabia que me podía encontrar en tus ojos cada vez que me perdía y eso me reconfortaba, me hacía sentir como en casa. Y que mejor hogar que entre tus brazos...
A veces pienso que todo va a tener un final apoteósico digno de una superproducción de Hollywood. Otras veces pienso que los finales son demasiado tristes como para que tengan que pasar necesariamente, asique esta vez prefiero omitirlos.
Que ya no me quedan razones, ni cojones, ni valor, ni ganas de decirte que te vayas, porque lo que realmente quiero es que te quedes, del verbo a mi lado.
Supongo, que después de todo nos queremos. Nunca olvides eso: el amor son dos queriéndose.

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